Organizar una boda es mucho más que elegir un vestido, decidir un menú o escoger una canción. Es un proceso en el que, poco a poco, vas dando forma a un día que quieres que sea especial y, sobre todo, que tenga nuestra esencia.
Y aunque desde fuera pueda parecer que todo es sencillo, cuando te metes de lleno en la organización descubres que detrás de cada decisión hay muchas cosas que pensar, valorar y coordinar. Hay momentos de ilusión, de emoción y también, por qué no decirlo, de cierto estrés. Porque organizar una boda tiene su complejidad… y también ese momento en el que piensas: «¿Pero cómo puede haber tantas cosas que decidir para un solo día?»
En nuestro caso, hemos querido vivir este proceso intentando que cada elección tuviera sentido para nosotros, pero también pensando en las personas que compartirán ese día con nosotros. Queremos que sea una celebración muy nuestra, pero que, al mismo tiempo, quienes vengan puedan sentirse cómodos, disfrutar y formar parte de ella.
Y en ese camino hay algunos aspectos que han sido especialmente importantes para nosotros.
La wedding planner – @bodaseventosestel
Contar con una wedding planner ha sido una de esas decisiones que ayudan a poner orden a todo lo que tienes en la cabeza.
Porque una boda implica muchísimas piezas que tienen que encajar y, muchas veces, necesitas a alguien que tenga una visión global y que pueda ayudarte a organizar, coordinar y anticiparse a todo aquello que quizá tú ni siquiera habías pensado.
Para nosotros es importante sentir que detrás de la organización hay alguien que entiende lo que queremos y que puede ayudarnos a conseguirlo sin perder nuestra esencia.
Al final, se trata de poder disfrutar del proceso sabiendo que hay una persona pendiente de que todas esas pequeñas piezas terminen formando un todo. Y, sinceramente, que alguien se ocupe de algunas de esas cosas mientras tú respiras un poco tampoco está nada mal.
El catering – @aquacatering
La gastronomía es, sin duda, otra parte fundamental de una celebración.
Queríamos que el catering estuviera pensado no solamente desde lo que nos gusta a nosotros, sino también desde la experiencia que queremos que vivan nuestros invitados.
Porque una boda también se recuerda por los sabores, por esos momentos alrededor de una mesa, por el aperitivo, por una conversación mientras pruebas algo que te sorprende o por ese plato que termina convirtiéndose en uno de los comentarios de la noche.
Y seamos sinceros: una cosa es casarse por amor y otra muy distinta es que tus invitados se vayan de la boda hablando maravillas de la comida. Si conseguimos las dos cosas, perfecto.
Por eso, elegir el catering también ha sido una parte importante del proceso: buscar un equilibrio entre nuestros gustos, el estilo que queremos darle a la boda y, sobre todo, conseguir que nuestros invitados disfruten.
El vestido de la novia – @latevaessencia
Y, por supuesto, está el vestido.
Encontrar el vestido de novia es uno de esos momentos que probablemente se viven de una manera muy especial. No se trata solamente de encontrar un vestido bonito, sino de encontrar ese vestido con el que te sientas tú.
Durante el proceso hay pruebas, dudas, cambios de opinión, detalles que descubres sobre la marcha y muchos momentos de ilusión. Ese momento en el que encuentras “el vestido”… aunque antes probablemente hayas probado unos cuantos que, sobre el papel, también parecían ser “el vestido”.
Y al final, todo tiene sentido cuando consigues verte reflejada en él y sentir que encaja contigo y con la boda que estás imaginando.
Porque, aunque el vestido sea uno de los grandes protagonistas, lo más importante es cómo te hace sentir.
Fotografía, iluminación y sonido – @becreativeagency – @lafucking_
Y llegamos a una parte que quizá no siempre pensamos tanto cuando empezamos a organizar una boda: todo lo relacionado con la fotografía, la iluminación y el sonido.
La fotografía será la encargada de guardar todos esos momentos que después podremos volver a vivir a través de las imágenes. Y la iluminación y el sonido tienen un papel fundamental en algo que muchas veces no vemos, pero que sí sentimos: el ambiente.
Nuestra boda será de mañana, el 3 de octubre, empezará alrededor de las doce del mediodía y la celebración se irá alargando hasta la tarde. Por eso, conforme avance el día, la iluminación también tendrá un papel importante, especialmente si estamos al aire libre. A nosotros nos hacía especial ilusión que las luces formaran parte de ese ambiente y ayudaran a crear esa atmósfera que tenemos en mente.
Y después está la música.
Hemos preparado diferentes playlists pensando en los distintos momentos de la celebración. Una para esos momentos especiales, otra para los aperitivos, con canciones en inglés, español y catalán y un estilo más suave, elegante y tranquilo, y otra para cuando llegue el momento de bailar, con música más animada y diferentes estilos.
Pero tener las canciones elegidas es solo una parte. También es importante saber cómo enlazarlas, cuándo cambiar de ambiente y cómo conseguir que la música acompañe cada momento sin que la fiesta pierda su ritmo.
Porque, por muy buena que sea una playlist, tampoco queremos pasar de una canción emocionante a otra completamente inesperada como si alguien hubiera pulsado el botón de emergencia.
Y ahí es donde creemos que el trabajo del DJ cobra especial importancia: en saber interpretar el ambiente, combinar todos esos estilos y conseguir que la música vaya evolucionando con la celebración.
Al final, no se trata simplemente de poner canciones, sino de conseguir que todo fluya.
Y, al final, confiar en el proceso
Mirando atrás, podemos decir que todo este proceso ha sido bonito. También ha tenido sus momentos de estrés, porque organizar una boda tiene su complejidad y son muchas las decisiones que hay que tomar. Ha habido ilusión, emoción, decisiones, dudas y, probablemente, algún que otro momento de “¿en qué momento decidimos organizar una boda?”.
Hemos intentado que cada decisión tenga un poco de nosotros, pero también pensando en todas las personas que estarán ese día a nuestro lado.
Porque, al final, eso es lo que queremos: que sea una celebración muy nuestra, pero que quienes nos acompañen puedan sentirla, disfrutarla y reconocer en ella aquello que queremos transmitir.
Una boda hecha a nuestra manera, con nuestro estilo, con nuestra forma de entender las cosas y, sobre todo, muy Amorito Style.
Y después de todo el camino recorrido, solo queda una cosa: confiar en el proceso, disfrutar del resultado y celebrar el amor rodeados de las personas que queremos.
Y si, además, conseguimos que nadie pregunte durante la boda aquello de «¿qué toca ahora?», podremos considerar que el plan ha salido perfecto. 😉


